Han pasado siete años y todavía siguen las incógnitas, las preguntas sin respuesta y los oídos sordos. El 11 de marzo de 2004 no sólo es el peor recuerdo de los últimos tiempos para muchos españoles sino que sigue siendo una lucha diaria para miles de personas. Víctimas, familiares, asociaciones y testigos del atentado continúan a la espera del desenlace de este trágico suceso que parece no resolverse nunca. Sin embargo, todavía se puede contar con la ayuda desinteresada y el esfuerzo de los héroes anónimos del 11-M.
Raimundo Martín del Campo ha estado pendiente de los homenajes que han tenido lugar por el séptimo aniversario, pero tiene las mismas dudas que cuando se cruzó con la tragedia a los mandos de su Regional Express.
Este ferroviario de 66 años fue condecorado al mérito en 1981 por la Dirección General de Renfe al evitar un descarrilamiento y salvar la vida de alrededor de 200 personas. Aunque se niega a que lo cataloguen de héroe, el 11 de marzo volvió a sacar esa valentía que le caracterizó aquella mañana del 21 de julio de 1981.
Raimundo salía con su tren de la estación de atocha con dirección Aranjuez para finalizar su jornada laboral, cuando escuchó un estruendo. Rápidamente una ola de pánico se apoderó de los pasajeros del tren. Sin saber qué estaba pasando, no dudó un momento en parar el tren y salir a calmar a los viajeros. “Creo que yo era la persona que más miedo tenía del tren. En situaciones así es muy difícil pararse a pensar”.
Desde la cabina escuchó una llamada procedente de las oficinas centrales de Atocha que le ordenaban que sacara rápidamente el tren de ahí porque un Cercanías había explotado. “Al principio pensé que se trataba de un accidente, por eso paré, nunca hubiese imaginado que estábamos viviendo un atentado”.
Aún quedan héroes
Ahora son las asociaciones de víctimas las que continúan con la lucha. Hasta la fecha la Asociación 11M Afectados
del Terrorismo sigue prestando asistencia a las víctimas gracias a los 150 socios solidarios que la forman y, en particular, a la directora Pilar Manjón. “Nuestra Asociación, que nunca hubiéramos querido existir, surge como reacción al silencio administrativo y a la necesidad de los afectados de saber qué hay qué hacer cuando el terrorismo te alcanza”.
En la Asociación de Vecinos “La Colmena”, del barrio Santa Eugenia (Madrid) comenzaron los primeros movimientos con la unión de una serie de afectados que reclamaban ayuda. Así es como nació esta asociación que se ha topado con múltiples obstáculos desde su fundación en diciembre de 2004 por los diversos problemas políticos y mediáticos que tuvo que afrontar. “En estos momentos nuestra prioridad es continuar con las labores de apoyo a las víctimas, lo demás es secundario”. Además se han unido a la asociación los afectados de otros atentados como son las víctimas de Casablanca, Egipto, Yemen o la T4 de Barajas. “Ante todos los cuales tenemos el compromiso de buscar la verdad, conseguir la justicia y que nunca caiga el olvido sobre su involuntario sacrificio”.
Su labor se inicia tomando nota de los datos de los afectados sin tener en cuenta si están reconocidos o no como víctimas ya que España la Ley de Solidaridad de 1999 sólo reconoce como víctimas al marido o a la mujer, a los hijos o, en su defecto, a los padres, pero no otros convivientes. Posteriormente se les concede cita con la trabajadora social quien analiza sus casos particulares para buscarles la ayuda necesaria que puedan ofrecerles o derivarles a profesionales ajenos a la asociación. “No pedimos ningún carnet de militante sólo preguntamos ¿qué necesitas? y ¿en qué podemos ayudarte?”. A parte del tratamiento psicológico, fomentan el apoyo mutuo entre las víctimas a través de encuentros y convivencias, organizan viajes, hacen exposiciones y realizan campamentos de verano. Todo esto con el objetivo de compartir su dolor y el de otros que sufren con la esperanza de transformar el dolor en actos positivos por la paz.
Todo esto lo fundamentan sobre los principios que reglan la Asociación 11M Afectados del Terrorismo:
• Tratar de reincorporar socialmente a los afectados del terrorismo buscando los apoyos necesarios y llevando a cabo las iniciativas oportunas para ello.
• Buscar la verdad con la justicia democrática, no vengativa.
• Trabajar juntos desde la diversidad de ideas, culturas, razas, religiones, opciones políticas. Nos gusta la pluralidad.
• Ofrecer nuestra experiencia vivida tratando de mejorar la actuación de los profesionales, los protocolos de emergencia y las actuaciones con los afectados del terrorismo, en todas las esferas
• Promover leyes y mejorar las existentes.
• Trabajar por la concienciación social nacional e internacional en una cultura de paz; utilizando nuestra exposición “Trazos y Puntadas para el recuerdo” como una ventana de paz vivida y compartida.
• Hacer el camino de la paz, con la transformación de nuestro dolor en actos positivos para ganarla, proyectando la Red Internacional de Paz al mundo; intentando entender a los otros, a los diferentes, y buscando los puntos de encuentro en la no violencia.
Todavía queda mucho por hacer, pero estos héroes seguirán buscando respuestas
Aún queda mucho trabajo por realizar y mucho esfuerzo en las manos de estos héroes que sin descanso repetirán: “Nuestro inmenso dolor nos empujó a aunar las fuerzas con el empeño decidido por conocer la verdad, la necesidad vital de conseguir Justicia y reparación y el firme propósito de que la victoria de nuestro dolor sea la paz.”
Gonzalo Martín Muñoz
Valle Martín del Campo López
Marcos Baile Plasencia
Este es un blog creado para recopilar los reportajes sobre el 11 de marzo del alumnado de Periodismo Multimedia de Fuenlabrada (turno tarde) de la Universidad Rey Juan Carlos
viernes, 25 de marzo de 2011
11-M, el arte que nació con la tragedia
Lo sorprendente del arte es que no sólo encuentra en la belleza de la perfección, en la delicadeza o en la elegancia, la manera de expresarse. Sino que a través del dolor, el sufrimiento y la desesperanza del ser humano también es capaz de transmitir todas sus emociones, y es que ya lo dijo Immanuel Kant: “La belleza artística no consiste en representar una cosa bella, sino en la bella representación de una cosa”.
Después de aquel jueves 11 de marzo de 2004, los artistas también han recordado a las víctimas del atentado que hubo en Madrid y que dejó 191 muertos y 1858 heridos. Muchas han sido las muestras de dolor por las que se ha expresado el gran impacto social que han tenido los atentados.
Por un lado, muchos literatos españoles han plasmado en sus obras la tragedia del 11- M. “Ángeles humanos” de Adolfo García Ortega, “La vida antes de marzo” de Manuel Gutiérrez Aragón, “El corredor” de Ricardo Menéndez Salmón, “Madrid blues” de Blanca Riestra, “La piedra en el corazón” de Luis Mateo Díez o “Viene la noche” de Óscar Esquivias son sólo algunas de las muchas obras que se escribieron tras la señalada fecha.
El ser humano necesita expresar sus emociones y más cuando sufre un acontecimiento de proporciones tan dramáticas, y es que nadie podía esperar que aquella mañana de 2004 terminara como lo hizo, "la gente no ha olvidado la tragedia, 7 años después de los atentados se sigue recordando a las víctimas y a sus familiares dedicándoles homenajes y monumentos, eso es muy importante tanto para ellos, como para la sociedad española y también para nosotros” comentan desde la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Hoy en día, los usuarios de cercanías RENFE que viajan a primera hora lo hacen medio adormilados, escuchando música, leyendo o mirando por la ventana, pero siempre tendrán presente lo que pasó gracias al monumento que preside la plaza de Atocha, el Bosque de los Ausentes en pleno Parque del Retiro o al inaugurado este año en la estación de El Pozo.
El 11-M formará parte de la historia de España para siempre. Muchos artistas son conscientes de ello, por eso han querido dedicarle alguna de sus obras en cada una de sus disciplinas. Una manera de recordar y conocer la historia para que ésta no se repita.
Quizá el monumento alzado en la Plaza de Atocha es el más representativo al encontrarse en el lugar exacto donde sucedió la tragedia. La obra fue diseñada por el arquitecto Esaú Acosta, del estudio Fascinante Aroma a Manzana (FAM), ganador del concurso para crear el monumento homenaje a las víctimas. Formada por una cúpula cilíndrica de vidrio de 11 metros de altura, construida con unas piezas especiales de 30x20x7 centímetros, "las medidas más grandes que este material permite", según afirma el arquitecto. Si se juzga por el exterior, este monumento tiene una estructura muy fría, pero su interior no transmite lo mismo. En él están escritos los mensajes de miles de ciudadanos anónimos de todo el Mundo que días posteriores a la tragedia quisieron manifestar su apoyo, dolor y repulsa en Atocha.
Cuando los viajeros se introducen en el túnel que va hacia el interior del monumento se puede ver la emoción y la tristeza en sus caras conscientes del significado que tiene. Una estudiante de Relaciones Internacionales, Cristina Joseph, afirmó tras salir de visitar el monumento por primera vez: “Esta obra representa la inmortalidad de todos los asesinados en el atentado, me dan escalofríos solo de pensar el sufrimiento que debieron pasar”.
En el Parque del Retiro 192 árboles entre cipreses y olivos forman el Bosque de los Ausentes recordando a las 192 vidas que se perdieron aquel 11 de marzo. Situado en un principio en la glorieta de Atocha, se decidió trasladar al parque madrileño para que todo el que quisiera pasear pudiese recordar de manera emotiva a todos los fallecidos. Aunque para muchos madrileños sea especial pasear por este lugar según la Asociación de Víctimas del Terrorismo quizá sea el monumento que menos les representa a causa de que no se les tuvo en cuenta para su creación ni para su posterior traslado, “estamos muy agradecidos con todas las obras que recuerdan a las víctimas aunque hay algunas con las que nos sentimos más implicados y son más especiales otras”.
Este año, conmemorando el séptimo aniversario del atentado, se ha levantado un monumento en la estación de Cercanías de El Pozo, donde estalló otro artefacto el trágico día de marzo. Realizado por el arquitecto José María Pérez González "Peridis", quien ha definido su obra como un "grito colectivo contra el silencio y el olvido”. El monumento está situado en una plaza cercana a la estación y lo componen varios elementos pavimentados con varios adoquines y losas de granitos que hace años formaban parte del centro de Madrid.
Además en la pared exterior de la estación se han grabado tres frases conmemorativas, la primera de la Asociación 11M Afectados del Terrorismo: "La estrella de vuestro recuerdo nos iluminará para siempre", la segunda creada por los vecinos de El Pozo: “Todos fuimos ellos, ahora están con nosotros” y por último Artistas Plásticos sin Fronteras ha escrito "Con nosotros, con ellos".
El mundo de la música también ha rendido homenaje a las víctimas de este atentado. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, La Oreja de Van Gogh con su tema “Jueves” que rememora un viaje en tren el día de la tragedia. Sergio Contreras también recuerda en su tema “11M” a todas las víctimas de aquel día. Ismael Serrano con “Fragilidad” aportó su apoyo a todas las víctimas. Pero quizá sea Luz Casal con la canción “Ecos” la cantante más comprometida realizando incluso un trayecto en tren para rodar el videoclip.
Lorena Lapresa Pérez
Beatriz Gómez Martínez-Albornoz
Raquel Valdeolivas López
Tamara María Pérez Gómez
"Un tipo normal, incluso apuesto"
El presunto cerebro de los terroristas era conocido por la colonia tunecina de Madrid y acudía a fiestas de la Embajada
Fuenlabrada, 11 de marzo de 2011. La Redacción.- Un grito resonaba tajante en las calles de Madrid aquella tarde lluviosa y triste del 12 de marzo de 2004: “¿Quién ha sido?” Cientos de miles de personas se habían concentrado en el Paseo de la Castellana en repulsa a los atentados del día anterior con el lema “Con las víctimas, con la Constitución, para la derrota del terrorismo”. Ese 11 de marzo, las bombas habían hecho estallar cuatro trenes en estaciones de Cercanías de la capital entre las 7:39 y las 7:42 horas. Ocultas en simples mochilas de las utilizadas por estudiantes o por trabajadores, causaron la muerte a 192 personas y casi 2000 heridos, en el peor ataque terrorista ocurrido en Europa. Y la gente quería saber: “¿Quién ha sido?”
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| Monumento homenaje a las víctimas del 11-M |
N.M.H. (Soria, 1959) estaba casada y tenía una hija de cuatro años. No sabía entonces lo que supo algunas semanas después. El día antes, como muchos otros, había sentido en su corazón la punzada de la preocupación, la angustia y la incertidumbre. Llamó a su hermano que trabajaba en Tres Cantos y usaba el tren de Cercanías a menudo. Afortunadamente, ese día, no.
Muchas otras personas se sintieron como ella, vacías por dentro, incapaces de comprender tanta muerte y desolación. En las calles de las ciudades y de los pueblos de España quedó un rastro de silencio y de dolor. Durante los días siguientes, los acontecimientos se precipitaron y cambiaron muchas cosas. El Gobierno de José María Aznar, a pesar de sus iniciales reticencias, admitió que la autoría no había sido de ETA. El atentado fue cometido por islamistas radicales. Las elecciones del domingo 14 de marzo castigaron al PP y dieron el triunfo al PSOE.
Unas semanas después, el 3 de abril de 2004, siete terroristas islamistas se inmolaron en un piso de Leganés. Habían perpetrado los atentados del 11-M. Uno de ellos era Serhane Ben Abdelmajid Fakhet, alias “el Tunecino”.
Cuando apareció la fotografía de Serhane en el telediario, a N.M.H. le dio un vuelco el corazón. Hoy lo recuerda así: “Cuando me enteré de que habían sido terroristas árabes mi indignación y preocupación fue más grande ya que mi marido es tunecino. Siempre piensas en la reacción de rechazo de la gente hacia los árabes. Lógicamente, esto a mi marido le afectó mucho y, además, entre los terroristas había un tunecino que él conocía”.
Se trataba de Serhane Ben Abdelmajid Fakhet, presunto cerebro, dirigente y coordinador de los terroristas, que había participado en el alquiler de una casa en Morata de Tajuña (Madrid), donde se prepararon los explosivos. Ella también lo conoció: “Yo solamente coincidí con este asesino en una ocasión, en un concierto de música organizado por la Embajada de Túnez en el Auditorio de Madrid. Era un tipo normal, incluso apuesto. Tomamos una copa y él estaba en el grupo, él estaba allí. La colonia tunecina en Madrid es muy pequeña, casi todos se conocen y es muy fácil coincidir en actos de la Embajada”.N.M.H. continuó con su vida. Poco a poco, todo fue volviendo a su cauce. A su marido nadie le molestó, aunque recuerda que “hubo mucho control policial y nuestros amigos tunecinos decían que todos habíamos sido investigados por la policía”. También asegura: “mi marido se sentía fatal y tuvimos cierto miedo a la reacción de la gente. Pero, por suerte, no hubo nunca ningún problema”.
Esta sensación de miedo y, según dicen, de vergüenza la sintieron también otras personas, inmigrantes árabes en nuestro país. Mohamed Ekbal (Marruecos, 48 años) vive en España desde hace casi veinte años y lo cuenta así: “Durante los días siguientes al atentado, la verdad es que me daba vergüenza salir a la calle. Lo estoy recordando y me emociono”. Cree que la sociedad española no les condenó porque “no nos vieron diferente. Nos trataron igual que antes”. Él también se sintió una víctima más y, cuando le recuerdan que había marroquíes entre los asesinos, dice: “el terrorismo no tiene nacionalidad”.
Nawal Saaber (Marruecos, 28 años), coincide casi punto por punto: “Fue un día horrible. Veía las noticias y no me lo creía. Cuando me dijeron que había sido Al-Qaeda, me sentí avergonzada. Mi vida no ha cambiado en nada desde entonces, la gente siempre se ha portado bien conmigo, quizás porque, como no llevo velo, no parezco marroquí”.
No sólo ellos lo ven así. Los testimonios de muchos españoles van en la misma línea: hubo mucho dolor y una profunda indignación, pero en general no se culpabilizó a nadie simplemente por su origen árabe. Así lo asegura José Antonio Fernández (Madrid, 35 años), policía de profesión: “la población española respondió bastante bien. Supo separar a los extremistas y terroristas islamistas de los ciudadanos de origen árabe”.
Otros tienen una percepción diferente de aquellos días. Antonio Péramo (San Clemente, Cuenca, 58 años), abogado, asegura que “una acción terrorista puede ser a veces la respuesta de un loco a la tragedia que la vida le obliga a vivir cada día” y que “la desgracia del 11-M se ha utilizado últimamente con demasiados fines políticos”. Mercedes García (Villanueva de la Serena, Badajoz, 56 años) lo dice más sencillo: “Se me quitó un peso de encima al saber que no había sido ETA. No sé por qué”.
Siete años después pocos recuerdan o saben que Serhane Ben Abdelmajid Fakhet llamó a su esposa antes de suicidarse, para despedirse de ella y que fue ésta quien advirtió a la policía. Pocos recuerdan que Serhane, “el Tunecino”, contactó con el marroquí Jamal Ahmidan, y que se suicidaron en un piso de Leganés junto a los también marroquíes Abdennabi Kounjaa, Asri Rifaat, Mohamed y Rachid Oulad Akcha y con el argelino Allekema Lamari. El dolor que causaron fue enorme, pero casi nadie recuerda ya que alguno de los cadáveres y restos humanos de estos asesinos suicidas ni siquiera fueron reclamados por sus familiares.
N.M.H. también vio pasar el tiempo. Ella sigue en el mismo puesto de trabajo pero su marido está en el paro. Cuando pueden, siguen juntándose con algunos compatriotas para jugar al fútbol con el equipo de la Embajada. El marido de N.M.H. viajó a Túnez cuando estallaron las revueltas. Está contento, pero pronto volverá porque su casa está en España, con su familia. Su hija creció y es ya una adolescente que camina indecisa entre dos patrias. De vez en cuando, se hace preguntas sobre su identidad que no son fáciles de contestar porque los hijos de parejas mixtas tienen dos pasaportes. En Túnez se les considera tunecinos y en España, españoles.
Aquel grito, “¿Quién ha sido?” que resonó tajante en las calles de Madrid durante la tarde lluviosa y triste del 12 de marzo de 2004 tuvo respuesta para N.M.H. El pulso se le aceleró viendo aquél telediario. Ella conocía al “cerebro” de los asesinos. Aún hoy, algunas veces, cuando lo recuerda, le da un vuelco el corazón. Un día coincidieron en un concierto y él estaba allí, con ellos, tomando una copa. Ya nunca podrá olvidar su cara.
Ángel Villacañas Sanz
Cristián González Hoyo
Jesús Díaz Cruzado
Rubén Gallardo Parrón
Siete años de guerra mediática
La sociedad española, la clase política, los medios de comunicación e incluso los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado vivieron un hecho sin precedentes el día 11 de marzo de 2004. Los medios de comunicación desempeñaron un papel fundamental en el trascurso de los acontecimientos aledaños al atentado de los trenes en Madrid. Nunca antes en España los medios de comunicación habían adquirido un poder decisorio tan determinante como el que desempeñó los días siguientes a la catástrofe de Madrid. Periodismo y política se alinearon para defender los intereses opuestos de ‘las dos Españas’. Se trata del ejemplo más flagrante de manipulación por parte de los medios de comunicación en tiempos de democracia en España. El ejemplo más claro: Aún hoy en día los medios de comunicación defienden posturas opuestas sobre el 11-M con fines partidistas.
Tal y como han comentado numerosos periodistas y analistas a lo largo de estos siete años, el bipartidismo político y periodístico aún caminan de la mano a pesar del transcurso de los años. Los atentados del 11 de marzo de 2004 parecen ser, para muchos, un ejemplo claro dónde puede que quedasen al desnudo los intereses políticos que, por entonces, existían en los medios de comunicación españoles.
El 11 de marzo fue, sin lugar a dudas, una fecha trágica en el calendario de todos los españoles, y un día que muchos recuerdan con plenitud de detalles. Desde los diferentes medios de comunicación se fue informando minuto a minuto sobre los últimos avances informativos. La televisión, la radio, los periódicos e Internet se convirtieron a partir de las siete de la mañana de aquel fatídico día en la única herramienta posible para que la población se mantuviese informada acerca de lo que realmente ocurría en las estaciones de tren madrileñas.
Por tanto, la labor de los periodistas en las distintas redacciones fue clave. El tratamiento informativo fue unánime desde el principio, sin embargo, conforme avanzaban las horas, empezaban a surgir las diferentes hipótesis desde diferentes medios. Los propios periodistas así lo reconocen hoy en día. Es el caso del colaborador de la Cadena COPE y del diario El Mundo, por aquellos momentos, Juan Luis Galiacho; y de la directora de La República y antigua subdirectora del periódico Estrella de Papel, en aquel 11 de marzo, Carolina Cortines.
El día 11 de marzo la trágica noticia conmovió a todo el mundo pero, más si cabe, al mundo periodístico que desde un primer momento trató de cumplir con total rigor su cometido de informar a la población. Tanto Galiacho como Cortines se “despertaron sobrecogidos” por la terrible noticia de los atentados y coinciden en destacar “el tremendo silencio” que por entonces inundaba las calles de la capital. “Me fui a pie de calle para comprobar lo que sucedía e inmediatamente me dirigí hacia una manifestación en la Puerta del Sol de Madrid donde cientos de personas ya se agolpaban para condenar tales hechos”, asegura Juan Luis Galiacho, que afirma que “junto con el 11-S, este fue uno de los días más sobrecogedores que había vivido en la profesión”.
La comparecencia de Arnaldo Otegui ante las televisiones del País Vasco, declarando que no tenía ninguna constancia de que ETA fuese la autora de tal masacre “marcó un antes y un después en la investigación”, asegura Galiacho. A partir de ese momento se comienzan a barajar otras hipótesis y desde los diferentes medios se siguen distintos caminos, aunque siempre con el mismo cometido, el de informar.
Para Galiacho las palabras de Otegui “no ofrecían ninguna duda”, ETA no tenía nada que ver con aquel atentado, “había que ir más allá”. Sin embargo, desde la redacción de Estrella de Papel “aún no se terminaba de descartar la posible involucración de la banda terrorista”, asegura Cortines.
El descubrimiento de una cinta con versos grabados en Corán en una furgoneta, horas más tarde, abrió una nueva hipótesis: la del terrorismo islamista, del que jamás se había tenido constancia de actividades ilícitas en el territorio español. Es a partir de este momento en el que se comienza a atribuir al gobierno del Partido Popular una “posible manipulación” de información para tratar de evitar su caída del gobierno en las inminentes elecciones del 14 de marzo. La izquierda y la derecha vuelven a enfrentarse de nuevo y España queda nuevamente dividida, mientras que cientos de víctimas todavía esperaban ser atendidas.
Tanto José Luis Galiacho como Carolina Cortines no dudan en señalar que a ellos en “ningún momento se les limitó su capacidad para informar”, y se les dejó vía libre. Galiacho poseía fuentes de información “muy fiables”, como él mismo reconoce, “cercanas al Ayuntamiento de Madrid”, mientras que el equipo de Cortines recibía información de las “investigaciones que estaba llevando a cabo el CSI”.
Tanto José Luis Galiacho como Carolina Cortines no dudan en señalar que a ellos en “ningún momento se les limitó su capacidad para informar”, y se les dejó vía libre. Galiacho poseía fuentes de información “muy fiables”, como él mismo reconoce, “cercanas al Ayuntamiento de Madrid”, mientras que el equipo de Cortines recibía información de las “investigaciones que estaba llevando a cabo el CSI”.
Todavía hoy se sigue pensando que no está todo aclarado y parece que, para muchos, ha quedado patente la bipolaridad que sigue existiendo en diferentes medios de comunicación. Según argumenta Galiacho, en aquellos instantes el periodismo “no fue objetivo sino que existió un periodismo partidista” en el que no se investigaba para llegar a una conclusión: “Un ejemplo evidente puede ser la cobertura que se dio desde el grupo PRISA y en concreto desde la Cadena SER, donde se intentaron utilizar los atentados para derrotar al gobierno de José María Aznar, base y clave para el triunfo de Zapatero en las elecciones”.
Por su parte, Cortines considera que “no todo está resuelto” y es difícil que se llegue a conocer toda la verdad. “Es posible que los dos grandes periódicos de España, El País y El Mundo, tuviesen obsesión por haber defendido algunas posiciones ideológicas con anterioridad y querer demostrar que tenían razón. Posiblemente las dos posiciones sean defendibles” dice la directora de la República.
Pero sin duda alguna, la gran pregunta que sigue en el aire es la de explicar el porqué este asunto sigue siendo un tema ampliamente cuestionado en la actualidad. Según algunas corrientes es muy posible que no lo hagan por las víctimas sino por intereses políticos y, en muchas ocasiones, porque “los periódicos buscan a los lectores que saben, de antemano, que les van a leer”, afirma Galiacho.
Carolina Cortines y considera que “algunos partidos políticos mantienen el interés en que se sepa toda la verdad, ya que debido a ello perdieron las elecciones y eso es difícil de olvidar. Todo ello se filtra hacia algunos medios con intereses comunes y por ello sigue el tema encima de la mesa aunque, lo cierto es que no tiene una base sólida ya que ya hubo una sentencia firme”.
Entre lo que periodistas de uno y otro bando coinciden es que si tales hechos volviesen a producirse en la actualidad el caos informativo sería probablemente “mucho mayor”, pues muchos creen que con la actual crisis económica, los medios son ahora “mucho más dependientes de los intereses económicos y políticos”.
Juan Luis Galiacho, por su parte, cree que existe un antes y un después en el 11-M, sobre todo en “materia de seguridad”. De acuerdo a lo que ha escrito en un artículo, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado han incluido dentro de sus protocolos una acción preventiva contra posibles células terroristas extranjeras en previsión de un ataque. “Esta semana, ante el revuelo causado por Gadafi en Libia, ha habido redadas en Lavapiés y en todos los posibles focos de células terroristas en prevención de un ataque. Eso no se hizo antes del 11-M, porque no había un precedente”.
También destaca el avance en los medios ya que han evolucionado muchísimo desde 2004 hasta hoy. “Ahora mismo las conversaciones telefónicas tan famosas, por ejemplo, estarían todas grabadas por Sitel, sin embargo, en aquel momento fueron utilizadas tarjetas de prepago”. Lo que quiere dejar claro es que “el periodismo de investigación parte de los hechos y no de las suposiciones. Lo que se está haciendo ahora es estirar el chicle, pero no hay una base sólida para ello”.
El problema, según Galiacho, es que sectores de la derecha que aún promueven la ‘Teoría de la conspiración’ y demás, es porque se deben a un público que lo demanda. “No sólo son culpables los medios de comunicación sino que la sociedad no ha sabido unirse ante el terrorismo y repudiar toda muestra de disensión”.
El problema, según Galiacho, es que sectores de la derecha que aún promueven la ‘Teoría de la conspiración’ y demás, es porque se deben a un público que lo demanda. “No sólo son culpables los medios de comunicación sino que la sociedad no ha sabido unirse ante el terrorismo y repudiar toda muestra de disensión”.
Y es que, en este tema, también coinciden ambos periodistas. “Ya hay una sentencia firme por parte de la justicia española”, aunque según argumenta Galiacho, “si es verdad que hubo pruebas que se destruyeron y se hicieron cosas mal, pero debemos confiar en la resolución”.
"Posiblemente la prensa de izquierdas se aprovechó del suceso para promocionar el ascenso de Zapatero al Gobierno, pero es que lo sectores de derechas hubieran hecho lo mismo en una situación semejante, este es el periodismo de hoy en día", asegura Galiacho.
A pesar de la conmoción vivida por el país tras aquel fatídico 11 de marzo de 2004, los medios de comunicación no han sabido sacar un aprendizaje del acontecimiento que le sirva para hacer democracia y no para desvirtuarla, radicalizando las posturas mediante flagrantes manipulaciones de la sociedad. Los intereses partidistas deberían mantenerse al margen del oficio de informar. El sentimiento de odio entre las “dos Españas” se incrementó tras aquel incidente que debió tener un efecto contrario, de unión ante el terrorismo. Pero España todavía tiene abiertas heridas de un pasado aún más lejano. Debe ser que “el tiempo no todo lo cura”.
Cronología del suceso que cambió la historia de España.
Antonio Moraleja
Adrián Sánchez-Rojo Romero
Raúl Muñoz Cerdeño
Pablo Recuenco Pizarro
Historia de una emergencia
“Éramos muchísimos, el personal médico vino incluso de su casa sin tener que trabajar, montones de voluntarios, y todos los que nos quedamos pasado nuestro turno, hasta que nos dijeron que nos fuéramos, que ya no podíamos hacer nada más”. Begoña es enfermera desde hace 12 años. Estuvo trabajando en el Hospital Universitario Gregorio Marañón durante 4 años en el área de urgencias. Ella estaba el 11 de marzo en su turno de mañana, cuando el caos y el terror se hacían dueños de los madrileños. Esther, fue víctima del atentado, y también nos cuenta cómo lo vivió y cómo es su presente.
El día 11 de marzo de 2004 marcó un antes y un después en España, especialmente en Madrid. Los atentados islamistas ocurridos en los trenes de cercanías a hora punta, provocaron el fallecimiento de 191 personas y un total de 1858 heridos. Aunque las heridas físicas han ido curándose poco a poco, las heridas del corazón tardan siglos en cerrarse.
Todos pudimos ver en los medios de comunicación, imágenes dantescas sobre lo ocurrido. Vídeos, fotografías y escalofriantes testimonios de los hechos, que nos hacían ver, desde nuestras casas, el horror que estaban viviendo miles de personas en Madrid. Pero, ¿qué ocurría en los hospitales? Begoña, enfermera, nos cuenta, en primer plano, todo lo que ella vivió aquel fatídico día:
“Yo me encontraba en el área 11, que es el paso previo del paciente de urgencia a la asignación de la cama en la planta del hospital. Acababa casi de llegar, estaba atendiendo a seis o siete pacientes, cuando de pronto llegaron las supervisoras de la unidad de urgencias y me dijeron que me olvidara de todos mis pacientes, que había ocurrido algo grave y que nos iban a traer muchos pacientes, pero aún no sabíamos nada…” Poco a poco la información fue llegando, y desde el lugar de los hechos y las ambulancias, mandaban información de los heridos a los hospitales, donde esperaban su llegada “la sala de urgencias quedó completamente vacía, llegaron médicos incluso de la parte infantil para ayudarnos. Venían graves… Muchos llegaban en los mismos bancos del cercanías… Algo que me sorprendió mucho es que venían tan anestesiados por el shock psicológico que traían, que no sentían el dolor físico, no necesitaban anestesia para ponerle la medicación o la vía. Hicieras lo que le hicieras, venían en tal shock psicológico que no sentían mucho, era una mezcla entre el dolor emocional y el dolor físico que traían”
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| Begoña, enfermera desde hace 12 años Foto: Beatriz Artigas |
“Es difícil coordinar una emergencia de tal magnitud, cuando nunca antes se ha vivido”, destaca Begoña. Los hospitales estaban desbordados de heridos y familiares, que acudían desesperados en busca de sus seres queridos. Poca información de su estado, de los fallecidos, y el horror de lo que estaba ocurriendo, hacían el trabajo del personal médico, aún más difícil. Alberto Tato, psiquiatra en el Hospital 12 de Octubre, señala que el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, fue el primero en intervenir: “cuenta con un grupo de Trabajo de Psicología de Urgencia, Emergencia y Catástrofes, y no sólo los heridos y los familiares afectados necesitaron la asistencia psicológica como consecuencia de estos atentados. También se atendieron a los vecinos de los lugares donde se produjeron los atentados, alumnos de colegios cercanos... Así como a todos los que intervinieron como policías, bomberos, médicos, psicólogos, enfermeros, trabajadores sociales, voluntarios, periodistas… en estos casos tan dramáticos, se produce un shock traumático general, se pierde la racionalidad, desencadena en todo tipo de reacciones, incluso violentas, el trauma y el caos se apoderan de las personas ”
A pesar de todo esto, Begoña asegura que la organización de los hospitales, y en especial del Hospital Gregorio Marañón, que atendió a unas 300 personas, “fue muy buena, a pesar de que es algo que no te puedes imaginar, había mucho lío, se gestionó fenomenal, y gracias a eso funcionó […] la mayoría venían con el mismo patrón, antes de que llegaran ya teníamos preparadas las jeringas con la medicación, para que según vinieran se les atendiera. No había jerarquía, un médico subía camillas, como ponía vías… todos hacíamos de todo, cada uno con sus funciones claro, pero todos a una”
“Los siguientes dos días la sala de urgencias estuvo vacía, como nunca, eso fue algo muy curioso. Las curas fueron complicadas, pero estuvieron muy pendientes de ellos. Recibieron la visita de diversas personalidades, y estuvieron muy apoyados. Recuerdo que habían unas chicas jovencitas que lo pasaron muy mal, una había perdido una oreja, y la otra un ojo… Era complicado, la atención psicológica se tuvo muy en cuenta” Explicaba Begoña
A pesar de haber sido un momento terrible, y, cuanto menos, dramático, todas aquellas personas que colaboraron de forma desinteresada, según fuentes oficiales más de 70.000, coinciden en que la experiencia fue muy gratificante para su persona, e incluso se les hizo un reconocimiento a su labor y ayuda en aquellos fatídicos momentos “todo se puede mejorar, pero realmente creo que se hizo muy bien, tanto el haber estado allí, cómo lo hizo el resto del equipo, el altruismo, y la generosidad tan grande… esto demostró que estamos muy preparados para desgracias tan graves como la que sufrimos” Begoña concluía “para mí fue un día muy especial, muy duro, pero aprendí un montón porque una ocasión así para aprender no se tiene todos los días, por un lado menos mal, pero por otro lado es una experiencia profesional impresionante”
La otra cara: víctima de un atentado
“Como cada mañana me desperté y me dirigí un poco somnolienta a coger los servicios de cercanías.” Esther fue una de las cientos de víctimas del atentado del 11 de Marzo. Tiene 34 años, y dos hijos. “Antes disfrutaba con mi trabajo llegando a casa a la hora de la comida. De la educación de mis hijos, de la que me he ocupado desde siempre. Además mis familiares más cercanos notaron un cambio notable en mi forma de ser y comportarme desde el atentado. Todo esto me produce dificultades para conciliar el sueño, irritabilidad, la necesidad de estar más tiempo fuera de mi casa para evitar discusiones…” Han pasado ya siete años del terrorífico atentado terrorista que tuvo que sufrir Esther Sáez y aun no puede evitar sobrecogerse al revivir ese recuerdo. En el andén de la estación donde se apeaba a la espera de su tren, Esther relata cómo decidió apresurarse y coger el tren de las 7.08 de aquel 11 de marzo de 2004 para no llegar tarde a una conferencia que tenía aquel día. Además quería leer, ya que le faltaba un fragmento para terminar de documentarse sobre el acto al que acudía. Esther quedó gravemente herida ya que viajaba en el vagón en el cual estalló una de las bombas. El joven que viajaba a su lado murió en el mismo instante en que explosionó el vagón del tren.
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| Foto : eslatele.com |
“He superado una etapa difícil. He tenido muchas dificultades pero gracias al sistema de apoyo social y psicológico que recibí durante ocho meses y medio, hoy hago una vida normal” confiesa Esther, emocionada. Todos sabemos el duro trance que han sufrido las víctimas y familiares del atentado. Pero, para el personal médico y psicológico, éste ha sido, seguramente, uno de los papeles más difíciles de su vida “Presento un Trastorno de estrés postraumático y secuelas físicas irreversibles que han sido difíciles de aceptar por todos los miembros de mi familia y que han derivado en numerosas dificultades en la adaptación a mi nueva situación. Realmente el hospital 12 de octubre me ha ayudado de forma brillante tanto en las consecuencias psicopatológicas como físicas que padecía. Me alegro de haberme puesto en sus manos. Las técnicas a las que me he sometido me han ayudado a reducir la ansiedad, modificar los pensamientos negativos y la readaptación a mi vida normal. También estuve en un plan de ayuda a la Formación y Reinserción Socio-laboral de ofrecido a todas las víctimas y familiares del 11-M, ofrecido por la Asociación de Víctimas del Terrorismo”
“El trastorno de estrés post- traumático es una severa reacción emocional a un trauma psicológico extremo, a un grado tal, que las defensas mentales de la persona no pueden asimilarlo. Algunos de los efectos más comunes son altos niveles de ansiedad, pensamientos intrusivos y recurrentes acerca del atentado, temor a exponerse a situaciones que recuerden lo acontecido en aquellos días, evitación de la utilización de los transportes públicos, sentimientos de indefensión y estado de ánimo deprimido, por citar algunos” Nos explica Alberto.
Alberto detallaba que se asistió psicológicamente a más de 5000 personas directamente, y a más de 13.000 telefónicamente. Y que, después de los años que han pasado, aún hay muchas personas que siguen recibiendo apoyo psicológico, y más del 50% de los afectados, sigue padeciendo secuelas psicológicas importantes. “Todo su mundo cognitivo y emocional se ha transformado, y en muchos casos, como personas que han estado en coma o han perdido un miembro, su mundo conductual también ha cambiado. Hay personas que ni siquiera saben hablar, que están aprendiendo ahora, no pueden comer solos, no se reconocen ante el espejo...“
¿Cómo podemos ayudarles? “En mi opinión lo básico es que comprendan que a todos nos pasan eventos en la vida que no podemos manejar, pero lo que sí podemos manejar es aprender a vivir con ellos. Aprender a vivir sin ese miembro que nos falta porque hay recursos, aprender a vivir sin ese ser querido que nos falta... Y que la vida continúa, que nos pueden robar muchas cosas, pero no el derecho a reír, el derecho a soñar, el derecho a la visión de futuro...” Concluye Alberto.
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| Foto: elpais.com |
Historias parecidas pueden contarse por montones, ese día marcó las vidas de cientos de personas en tan solo unos minutos, y aunque ya han pasado algunos años desde el atentado, las consecuencias siguen vivas y todavía no sanan. El camino ha sido difícil, pero gracias al trabajo de todos los implicados, enfermeras, psícologos, voluntarios, etc, las heridas se encuentran a unos pasos de sanar.
Beatriz Artigas
Mario Carranza
Estefanía Caro
Cuando la tragedia se viste de cultura
Se han cumplido 7 años desde aquel terrible 11 de marzo, en el que Madrid se tiñó de rojo a causa del atentado en Atocha, en el que 192 personas perdieron su vida y alrededor de 1500 resultaron heridas. Ha sido ETA. Ha sido Al Qaeda. Tras tanto tiempo de discusión, acusaciones y dudas, los culpables siguen impunes. Las víctimas tullidas. Los familiares sin compensación. La política dio un vuelco en un país que estaba hundido en la confusión y el caos. El llamado 11-M dejó en 2004 sus marcas en Atocha, en Madrid, en España. Pero también en la gente. “En ese tren íbamos todos”, era la frase que más se repetía y que se sigue perdiendo en el viento cada vez que se celebra el aniversario de esas muertes, si es que celebrar es el verbo adecuado.
Pero no solo los que se vieron afectados directamente por la tragedia fueron marcados. Quizá las partes más importantes de las personas fueron golpeadas con fuerza e incluso aquellos que no estuvieron allí lo sintieron. Porque de sentir se trata el arte, sentimiento, sensibilidad y, en muchas ocasiones, humanidad. La marca de esas bombas se hizo un hueco en la mente de los españoles y, como era inevitable, no solo salió por la boca. No fueron todo noticias, crónicas, críticas. La sensibilidad salió por las manos, las cuerdas vocales, el cuerpo entero. ¿Y qué, si no arte, es la cultura?
Por esto, hay que tener muy presente la influencia de la catástrofe en ella. Por cada fotógrafo de prensa que retrató el escenario para su periódico, hubo decenas de aficionados que crearon galerías con retratos de la estación ferroviaria y los homenajes a las víctimas.
Jorge Galocha, estudiante universitario y apasionado de la fotografía, recuerda el fenómeno. “Se pudo ver sobre todo en Internet. Los usuarios de Flickr fuimos testigos de un verdadero torrente de fotografías de todo tipo.” Cuando el objetivo enfoca la realidad más allá de la información para alcanzar el plano artístico se convierte en cultura. Se realizaron exposiciones y, aún a día de hoy, siguen siendo presentadas instantáneas de aquella fecha en diversos concursos, como el organizado anualmente por Universia. “La verdad es que a nivel periodístico son muy necesarias, pero no se ven las cosas que la gente colgaba a la red. Con ellas puedes hacerte realmente una idea de lo que pasó allí”, confiesa Jorge.
Y es que una imagen vale más que mil palabras, aunque ellas también hayan estado presentes en la manifestación cultural española. Los libros comenzaron entonces a circular por las librerías, conteniendo poesía, relatos y novela histórica. Casimiro García-Abadillo escribía en 2004 11-M la venganza, mientras que otros autores se tomaron años para escribir obras que tratarían sobre el suceso, las causas, los culpables, las mentiras. Según el jefe de la editorial Rialp, Eduardo Mirón, “el 11-M produjo un cambio en la cultura oficial haciendo que se respetase más a los agresores, posiblemente por miedo”. Pero no todo son publicaciones sobre teorías conspiratorias o tramas. Blanca Riestra publicó en 2008 Madrid Blues, ofreciendo una perspectiva de la experiencia en primera persona de los personajes y las historias que componen la tragedia, al igual que Adolfo García Ortega con Ángeles humanos o Luis Mateo Díez con La piedra en el corazón dan diferentes visiones sobre lo que suponen estos acontecimientos para el ser humano.
Pero no todas las palabras son plasmadas en un folio, sino que las hay que se instalan en la mente de aquellos que las escuchan a través de la música. Los músicos españoles no solo participaron en actos de apoyo contra el terrorismo y a favor de las víctimas y sus familiares, si no que pudieron manifestarse a través de su trabajo. La Oreja de Van Gogh compuso Jueves, mientras que Marcos Vidal homenajeó a las personas afectadas con dos canciones y Luz Casal publicó Ecos. También el artista flamenco Sergio Contreras homenajeó el 11-M con una canción que llevaba ese mismo nombre.
Pero no solo fueron ellos los que lo hicieron. El rap español también le dedicó al 11-M sus rimas y los grandes del estilo musical como Baco, L.E Flaco, Zenit o Artes 1-29 se unieron para rapear 11 de marzo. Arma Blanca editó El último tren y Chojin participó junto a otros artistas con Me duele en un disco recopilatorio de rap dedicado a las historias de aquellos que viajaban en el tren, Un año de reflexión.
Aún así, cabe preguntarse si el concepto de cultura es el correcto. ¿Tan solo la música, la literatura, la fotografía o la pintura son arte y, por lo tanto, cultura? No debería olvidarse una parte esencial de ella como es la arquitectura. En primer lugar, porque una de los mayores homenajes a las víctimas se encuentra en la misma estación de Atocha, creado tres años después. El Monumento a las Víctimas del 11-M es una escultura formada por una cúpula cilíndrica de vidrio de 11 metros de altura. Según informó uno de los arquitectos que lo construyó, Esaú Acosta, al diario El Mundo, “hace falta mucha fantasía para soportar la realidad”. Por otra parte, su compañero arquitecto Gil-Fournier declaró que “es una mirada desde dentro, desde un espacio que crea emociones”, su fin es tomar los sentimientos de la gente y “hacerlos eternos”.
Pero este no es el único elemento arquitectónico que existe. También en Madrid se encuentran otros dos a destacar, el Jardín de los Ausentes, que se encuentra en el parque del Retiro y la plaza monumento en El Pozo, que combina la arquitectura con la pintura, ya que allí se encuentra una serie de cuadros que emulan las ventanillas de un vagón de tren. Aun así, el arte no entiende de fronteras y ha llegado hasta Benidorm, donde está en proceso de construcción el complejo residencial ‘In tempo’. Se trata de un edificio con dos torres de doscientos metros de altura (la que sería la más alta de España) que emulan dos números uno enfrentados entre sí y que según rumores podría tratarse de un claro homenaje el 11 de marzo. Ignacio Monturiol, estudiante universitario y gran aficionado a la arquitectura, es de los que piensan que sí: “Es impresionante que una obra de estas características esté dedicada a homenajear a las víctimas del 11-M. Es la viva imagen de que la humanidad alcanza todos aspectos del arte.”
Al fin y al cabo, podemos considerar que un acontecimiento de tal magnitud, por terrible que sea, siempre deja huella en las personas. A través de la música, la literatura, los documentales. Otro 11 marcado en rojo en el calendario, como el 11-S y sus torres gemelas o el 11-M que se repitió este mismo año con la catástrofe de Japón. Ninguno debe ser olvidado y, gracias a la cultura, la posibilidad de preservar el recuerdo es eterna.
Laura Terciado Alonso
Aitor Suárez Nevado
Victor Martín Muñoz
Miguel Mirón Pérez
Pero no solo los que se vieron afectados directamente por la tragedia fueron marcados. Quizá las partes más importantes de las personas fueron golpeadas con fuerza e incluso aquellos que no estuvieron allí lo sintieron. Porque de sentir se trata el arte, sentimiento, sensibilidad y, en muchas ocasiones, humanidad. La marca de esas bombas se hizo un hueco en la mente de los españoles y, como era inevitable, no solo salió por la boca. No fueron todo noticias, crónicas, críticas. La sensibilidad salió por las manos, las cuerdas vocales, el cuerpo entero. ¿Y qué, si no arte, es la cultura?
Por esto, hay que tener muy presente la influencia de la catástrofe en ella. Por cada fotógrafo de prensa que retrató el escenario para su periódico, hubo decenas de aficionados que crearon galerías con retratos de la estación ferroviaria y los homenajes a las víctimas.
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| Homenaje a las víctimas 5 años después |
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| Monumento a las víctimas del 11-M en Atocha |
Pero no todas las palabras son plasmadas en un folio, sino que las hay que se instalan en la mente de aquellos que las escuchan a través de la música. Los músicos españoles no solo participaron en actos de apoyo contra el terrorismo y a favor de las víctimas y sus familiares, si no que pudieron manifestarse a través de su trabajo. La Oreja de Van Gogh compuso Jueves, mientras que Marcos Vidal homenajeó a las personas afectadas con dos canciones y Luz Casal publicó Ecos. También el artista flamenco Sergio Contreras homenajeó el 11-M con una canción que llevaba ese mismo nombre.
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| Disco de rap Un año de reflexión |
Aún así, cabe preguntarse si el concepto de cultura es el correcto. ¿Tan solo la música, la literatura, la fotografía o la pintura son arte y, por lo tanto, cultura? No debería olvidarse una parte esencial de ella como es la arquitectura. En primer lugar, porque una de los mayores homenajes a las víctimas se encuentra en la misma estación de Atocha, creado tres años después. El Monumento a las Víctimas del 11-M es una escultura formada por una cúpula cilíndrica de vidrio de 11 metros de altura. Según informó uno de los arquitectos que lo construyó, Esaú Acosta, al diario El Mundo, “hace falta mucha fantasía para soportar la realidad”. Por otra parte, su compañero arquitecto Gil-Fournier declaró que “es una mirada desde dentro, desde un espacio que crea emociones”, su fin es tomar los sentimientos de la gente y “hacerlos eternos”.
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| Simulación del tren en la plaza en El Pozo |
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| Complejo residencial In Tempo, Benidorm |
Laura Terciado Alonso
Aitor Suárez Nevado
Victor Martín Muñoz
Miguel Mirón Pérez
jueves, 24 de marzo de 2011
11-M: ¿Ha cambiado algo?
Los atentados del 11 de marzo de 2004 fueron una serie de ataques terroristas con 13 bombas en cuatro trenes de la red de Cercanías de Madrid. La sentencia de la Audiencia Nacional atribuyó su autoría a miembros de células o grupos terroristas de tipo yihadista.
Se trata del mayor atentado cometido en Europa hasta la fecha, con 10 explosiones casi simultáneas en cuatro trenes a la hora punta de la mañana, el primero de ellos en la estación de Atocha (entre las 07:36 y las 07:40). Más tarde, tras un intento de desactivación, la policía detonaría, de forma controlada, dos artefactos que no habían estallado, desactivando un tercero que permitiría, gracias a su contenido, iniciar las primeras pesquisas que conducirían a la identificación de los autores. Fallecieron 191 personas, y 1.858 resultaron heridas. Las primeras conclusiones llevaron a que la banda terrorista ETA podría estar detrás del atentado, aunque más tarde se descubriría lo contrario. ¿Cómo de eficaces son las medidas de seguridad que existen para que dichas masacres puedan llevarse a cabo?, ¿cuáles son las actuales?, ¿que reacciones y qué medidas llevaron a cabo los servicios sanitarios?, ¿sigue siendo el 11M un tema de influencia política? Contaron cómo ocurrieron los hechos, pero las cosas han cambiado algo desde entonces.
Una de las incógnitas por aquel momento era la seguridad que permitió estas explosiones, ya que las medidas y la vigilancia no eran demasiado exhaustivas. Únicamente cámaras de seguridad y 2 policías por cada convoy, además de algún perro policía hacían de RENFE la vigilancia en 2004. Con diferencia a los aeropuertos, las estaciones de tren y de metro de España no poseen detectores de metales ni rayos x para observar las posesiones del pasajero, por lo que resulta fácil, y resultó a los terroristas su pase al vagón donde detonaría la bomba posteriormente.
Nada ha cambiado en seguridad
Desde lo acontecido en el 11-M, la percepción de las entidades públicas sobre la seguridad de sus instalaciones cambió de manera superficial.
Realmente a día de hoy no existe un grupo de personas que se encargue de controlar a conciencia a todos y cada uno de los clientes que hace uso de las instalaciones; tampoco se han instalado torniquetes especiales para controlar a los clientes que portan objetos de riesgo (maletas, mochilas, etc.).
Todo esto a día de hoy es impensable, ya que la afluencia de público en las instalaciones de transporte es tal que sería imposible hacer un seguimiento real de todos los clientes, sobre todo del equipaje que se introduce en dichas instalaciones.
Según nos cuenta Francisco Pérez, uno de los 2000 conductores que tiene Metro de Madrid en plantilla, la opción final fue crear un "protocolo" de actuación para los trabajadores, tanto de Metro de Madrid como de Cercanías RENFE, consistente en:
Ante cualquier aviso o visualización de un objeto sospechoso, en primer lugar se intenta descubrir su procedencia, si no fuera posible encontrar al dueño de dicho objeto, se valora el objeto en sí, es decir, se comprueba si lo que lleva es visible y sobre todo si no es peligroso.
Si va cerrado, en ningún caso se debe abrir; se procede a llamar a seguridad para que lo recoja.
En caso de que el agente de seguridad lo compruebe y vea el que el grado de peligrosidad es alto, se puede llegar a desalojar el tren y la estación como prevención, hasta que vengan las autoridades pertinentes a retirar el objeto sospechoso con seguridad.
En definitiva, la seguridad en cualquier transporte exceptuando larga distancia ya sea trenes o avión, se encuentra concienciada por los hechos acontecidos; es más fácil prevenir cuando el cliente es consciente y capaz de poder avisar de cualquier amenaza. Esto y una buena actuación por parte de los trabajadores, es más eficiente para las empresas a día de hoy, que invertir en controles o en más personal.
Pocos cambios en sanidad
En cuanto a los servicios sanitarios, mucho fue lo que se dijo de la ineficacia de las tareas de asistencia del Samur, SUMMA, Ambulancias de SERMAS, Cruz Roja y protección civil de diferentes municipios cercanos, debido a las dificultades en la coordinación de sus protocolos de actuación.
Las primeras medidas que tomaron los servicios de emergencias al llegar a la zona afectada, fue retirar a las victimas que tenían movilidad propia y posteriormente pasaron a evaluar por niveles a las que tenían lesiones, según las palabras de Belén Molina Técnica en Emergencias de Cruz Roja. Utilizaron el método “triage” por el que los niveles de gravedad quedan señalados con pegatinas de colores (verde para los leves, amarillo para lesiones de gravedad media, rojo para las lesiones agudas y negro para los que han fallecido). Esta medida no se utilizó en Téllez y El Pozo lo que supuso mayores dificultades de clasificación de los damnificados y causó controversia en las reuniones de autocrítica posteriores al atentado según publica el diario El Mundo.
La comunicación supuso un problema mayor ya que los mandos de los diferentes servicios de emergencia se comunicaban por móviles que resultaron bloqueados al igual que los de muchos madrileños. Tras la evaluación posterior se decidió crear un Centro Integrado de Seguridad y Emergencias en el que se invirtieron 17 millones de euros y con el que se garantiza un sistema de comunicación segura y que coordinará los recursos de emergencia, controlará los planes trazados y la gestión de la respuesta de las emergencias de Madrid de la que forman parte Policía Municipal, Bomberos, Samur y Agentes de Movilidad en palabras de Belt Ibérica una empresa de analistas de prevención.
Pocas son las medidas que se han ampliado en materia de sanidad ya que sus fases de resolución siguen siendo las mismas: evaluación de la situación (datos disponibles del desastre, coordinación de la emergencia e identificación y evaluación de las necesidades) y planificación de la respuesta (disponibilidad de los recursos y organización de la respuesta, de los recursos humanos y de los recursos materiales).
Los actos no incitan a la unidad
Siete años después de lo ocurrido, la tensión política sigue estando presente. Ni el tiempo, ni los juicios por los que se procesó a los culpables del brutal atentando, sirven para dejar de enfrentar a partidos políticos. Partidos y asociaciones, que ni en fechas tan marcadas como esta, son capaces de demostrar que por encima de cualquier idea lo que debe primar son las personas. Esta confrontación se visualiza en la disparidad de actos individuales que se han celebrado este 11 de marzo de 2011 y en la discrepancia reflejada en los discursos pronunciados por las presidentas de las asociaciones de víctimas.
Entre los actos oficiales, la presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, encabezó la ofrenda floral que se hace cada año frente a la placa situada en la Puerta del Sol, dedicada a las víctimas de todos los atentados. Por otra parte el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, inauguró junto al candidato socialista a la alcaldía de Madrid, Jaime Lissavetzky, y la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Ángeles Pedraza, un monumento en la estación de Cercanías de El Pozo, sumándose más tarde, al acto celebrado en la Puerta del Sol. Unas horas más tarde, en el Bosque del Recuerdo del Retiro, tuvo lugar otro acto organizado por la AVT, al que acudió la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, María Ángeles Valcarce, delegada del Gobierno en Madrid, y el presidente de la Audiencia Nacional, Ángel Juanes, sin embargo, no hubo representación alguna del Partido Socialista.
En éste acto, Ángeles Pedraza declaró en su discurso: “no se conoce toda la verdad sobre el 11-M, reclamamos a todos los que tienen responsabilidades públicas que nos miren a los ojos y se atrevan a decirnos que el 11-M es un caso cerrado". Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, respondió indirectamente a estas declaraciones, en el discurso que ofreció en otro acto conmemorativo celebrado en Atocha esa misma tarde diciendo: “la verdad se conoce en sus trazos fundamentales tras un juicio serio y justo; "Se deben explorar los indicios hasta donde sea razonable pero los juicios se hacen con pruebas", criticando que hay personas y colectivos que "aturden y confunden" y "próceres de la patria" que dicen que "cuando ellos gobiernen se sabrá la verdad y saldrán los papeles". Cabe destacar la presencia en Atocha de UGT, CC OO y Partido Socialista de Madrid, en contraposición de la ausencia de miembros del Partido Popular.
José Manuel Romero, subdirector del diario El País, indica en un análisis sobre el 11-M titulado “Siete años de infamias”, que “algunos medios de comunicación y algunos dirigentes marginales del PP intentan resucitar uno de los bulos conspirativos más dañinos para la democracia, según el cual ETA pudo estar detrás de los atentados”. Señala además que “ cada año, los homenajes para no olvidar a los muertos, acompañar a sus familiares y mejorar la existencia de las víctimas que sobrevivieron al atentado se tiñen de polémica y desunión por culpa de los descerebrados que todavía piensan que una burda manipulación vale más que la verdad”.
Siete años después de lo ocurrido una cosa esta clara, la desunión entre partidos y asociaciones de víctimas, es evidente. Sólo con el tiempo se podrá evaluar de qué manera afecta esto a la sociedad española en general y a supervivientes y familiares de víctimas en particular.
El paso del tiempo no ha servido para adoptar medidas reales que sirvan como revulsivo ante la posibilidad de nuevos atentados. La seguridad no se ha visto incrementada, la actuación sanitaria, sigue los mismos planes de intervención que hace siete años y en política el 11-M sigue siendo un tema conflictivo con el que poder hacer campaña.
María Dávila
Raquel Díaz
Eduardo García
Iván T.
Se trata del mayor atentado cometido en Europa hasta la fecha, con 10 explosiones casi simultáneas en cuatro trenes a la hora punta de la mañana, el primero de ellos en la estación de Atocha (entre las 07:36 y las 07:40). Más tarde, tras un intento de desactivación, la policía detonaría, de forma controlada, dos artefactos que no habían estallado, desactivando un tercero que permitiría, gracias a su contenido, iniciar las primeras pesquisas que conducirían a la identificación de los autores. Fallecieron 191 personas, y 1.858 resultaron heridas. Las primeras conclusiones llevaron a que la banda terrorista ETA podría estar detrás del atentado, aunque más tarde se descubriría lo contrario. ¿Cómo de eficaces son las medidas de seguridad que existen para que dichas masacres puedan llevarse a cabo?, ¿cuáles son las actuales?, ¿que reacciones y qué medidas llevaron a cabo los servicios sanitarios?, ¿sigue siendo el 11M un tema de influencia política? Contaron cómo ocurrieron los hechos, pero las cosas han cambiado algo desde entonces.
Una de las incógnitas por aquel momento era la seguridad que permitió estas explosiones, ya que las medidas y la vigilancia no eran demasiado exhaustivas. Únicamente cámaras de seguridad y 2 policías por cada convoy, además de algún perro policía hacían de RENFE la vigilancia en 2004. Con diferencia a los aeropuertos, las estaciones de tren y de metro de España no poseen detectores de metales ni rayos x para observar las posesiones del pasajero, por lo que resulta fácil, y resultó a los terroristas su pase al vagón donde detonaría la bomba posteriormente.
Nada ha cambiado en seguridad
Desde lo acontecido en el 11-M, la percepción de las entidades públicas sobre la seguridad de sus instalaciones cambió de manera superficial.
Realmente a día de hoy no existe un grupo de personas que se encargue de controlar a conciencia a todos y cada uno de los clientes que hace uso de las instalaciones; tampoco se han instalado torniquetes especiales para controlar a los clientes que portan objetos de riesgo (maletas, mochilas, etc.).
Todo esto a día de hoy es impensable, ya que la afluencia de público en las instalaciones de transporte es tal que sería imposible hacer un seguimiento real de todos los clientes, sobre todo del equipaje que se introduce en dichas instalaciones.
Según nos cuenta Francisco Pérez, uno de los 2000 conductores que tiene Metro de Madrid en plantilla, la opción final fue crear un "protocolo" de actuación para los trabajadores, tanto de Metro de Madrid como de Cercanías RENFE, consistente en:
Ante cualquier aviso o visualización de un objeto sospechoso, en primer lugar se intenta descubrir su procedencia, si no fuera posible encontrar al dueño de dicho objeto, se valora el objeto en sí, es decir, se comprueba si lo que lleva es visible y sobre todo si no es peligroso.
Si va cerrado, en ningún caso se debe abrir; se procede a llamar a seguridad para que lo recoja.
En caso de que el agente de seguridad lo compruebe y vea el que el grado de peligrosidad es alto, se puede llegar a desalojar el tren y la estación como prevención, hasta que vengan las autoridades pertinentes a retirar el objeto sospechoso con seguridad.
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| Vigilante de seguridad canero en las instalaciones de Metro de Madrid |
El proceso de detección de este tipo de amenazas se suele comprobar dentro de las instalaciones, puesto que es técnicamente imposible comprobar el grueso de público, sobre todo en estaciones grandes, como son: Sol, Méndez Álvaro, Av. América y Atocha; por decir las más conflictivas, ya que son estaciones que soportan el tránsito, no solo de una línea de metro, sino que convergen varias líneas, aparte de transbordos con otros transportes, como cercanías RENFE o autobuses.
En definitiva, la seguridad en cualquier transporte exceptuando larga distancia ya sea trenes o avión, se encuentra concienciada por los hechos acontecidos; es más fácil prevenir cuando el cliente es consciente y capaz de poder avisar de cualquier amenaza. Esto y una buena actuación por parte de los trabajadores, es más eficiente para las empresas a día de hoy, que invertir en controles o en más personal.
Pocos cambios en sanidad
En cuanto a los servicios sanitarios, mucho fue lo que se dijo de la ineficacia de las tareas de asistencia del Samur, SUMMA, Ambulancias de SERMAS, Cruz Roja y protección civil de diferentes municipios cercanos, debido a las dificultades en la coordinación de sus protocolos de actuación.
Las primeras medidas que tomaron los servicios de emergencias al llegar a la zona afectada, fue retirar a las victimas que tenían movilidad propia y posteriormente pasaron a evaluar por niveles a las que tenían lesiones, según las palabras de Belén Molina Técnica en Emergencias de Cruz Roja. Utilizaron el método “triage” por el que los niveles de gravedad quedan señalados con pegatinas de colores (verde para los leves, amarillo para lesiones de gravedad media, rojo para las lesiones agudas y negro para los que han fallecido). Esta medida no se utilizó en Téllez y El Pozo lo que supuso mayores dificultades de clasificación de los damnificados y causó controversia en las reuniones de autocrítica posteriores al atentado según publica el diario El Mundo.
La comunicación supuso un problema mayor ya que los mandos de los diferentes servicios de emergencia se comunicaban por móviles que resultaron bloqueados al igual que los de muchos madrileños. Tras la evaluación posterior se decidió crear un Centro Integrado de Seguridad y Emergencias en el que se invirtieron 17 millones de euros y con el que se garantiza un sistema de comunicación segura y que coordinará los recursos de emergencia, controlará los planes trazados y la gestión de la respuesta de las emergencias de Madrid de la que forman parte Policía Municipal, Bomberos, Samur y Agentes de Movilidad en palabras de Belt Ibérica una empresa de analistas de prevención.
Pocas son las medidas que se han ampliado en materia de sanidad ya que sus fases de resolución siguen siendo las mismas: evaluación de la situación (datos disponibles del desastre, coordinación de la emergencia e identificación y evaluación de las necesidades) y planificación de la respuesta (disponibilidad de los recursos y organización de la respuesta, de los recursos humanos y de los recursos materiales).
Los actos no incitan a la unidad
Siete años después de lo ocurrido, la tensión política sigue estando presente. Ni el tiempo, ni los juicios por los que se procesó a los culpables del brutal atentando, sirven para dejar de enfrentar a partidos políticos. Partidos y asociaciones, que ni en fechas tan marcadas como esta, son capaces de demostrar que por encima de cualquier idea lo que debe primar son las personas. Esta confrontación se visualiza en la disparidad de actos individuales que se han celebrado este 11 de marzo de 2011 y en la discrepancia reflejada en los discursos pronunciados por las presidentas de las asociaciones de víctimas.
Entre los actos oficiales, la presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, encabezó la ofrenda floral que se hace cada año frente a la placa situada en la Puerta del Sol, dedicada a las víctimas de todos los atentados. Por otra parte el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, inauguró junto al candidato socialista a la alcaldía de Madrid, Jaime Lissavetzky, y la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Ángeles Pedraza, un monumento en la estación de Cercanías de El Pozo, sumándose más tarde, al acto celebrado en la Puerta del Sol. Unas horas más tarde, en el Bosque del Recuerdo del Retiro, tuvo lugar otro acto organizado por la AVT, al que acudió la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, María Ángeles Valcarce, delegada del Gobierno en Madrid, y el presidente de la Audiencia Nacional, Ángel Juanes, sin embargo, no hubo representación alguna del Partido Socialista.
En éste acto, Ángeles Pedraza declaró en su discurso: “no se conoce toda la verdad sobre el 11-M, reclamamos a todos los que tienen responsabilidades públicas que nos miren a los ojos y se atrevan a decirnos que el 11-M es un caso cerrado". Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, respondió indirectamente a estas declaraciones, en el discurso que ofreció en otro acto conmemorativo celebrado en Atocha esa misma tarde diciendo: “la verdad se conoce en sus trazos fundamentales tras un juicio serio y justo; "Se deben explorar los indicios hasta donde sea razonable pero los juicios se hacen con pruebas", criticando que hay personas y colectivos que "aturden y confunden" y "próceres de la patria" que dicen que "cuando ellos gobiernen se sabrá la verdad y saldrán los papeles". Cabe destacar la presencia en Atocha de UGT, CC OO y Partido Socialista de Madrid, en contraposición de la ausencia de miembros del Partido Popular.José Manuel Romero, subdirector del diario El País, indica en un análisis sobre el 11-M titulado “Siete años de infamias”, que “algunos medios de comunicación y algunos dirigentes marginales del PP intentan resucitar uno de los bulos conspirativos más dañinos para la democracia, según el cual ETA pudo estar detrás de los atentados”. Señala además que “ cada año, los homenajes para no olvidar a los muertos, acompañar a sus familiares y mejorar la existencia de las víctimas que sobrevivieron al atentado se tiñen de polémica y desunión por culpa de los descerebrados que todavía piensan que una burda manipulación vale más que la verdad”.
Siete años después de lo ocurrido una cosa esta clara, la desunión entre partidos y asociaciones de víctimas, es evidente. Sólo con el tiempo se podrá evaluar de qué manera afecta esto a la sociedad española en general y a supervivientes y familiares de víctimas en particular.
El paso del tiempo no ha servido para adoptar medidas reales que sirvan como revulsivo ante la posibilidad de nuevos atentados. La seguridad no se ha visto incrementada, la actuación sanitaria, sigue los mismos planes de intervención que hace siete años y en política el 11-M sigue siendo un tema conflictivo con el que poder hacer campaña.
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Eduardo García
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